
En una nota de la periodista Florencia Carbone publicada en el
diario La Nación, tuve la posibilidad de exponer mi punto de vista sobre la evolución disímil de Brasil y Argentina de la década del 40 a esta parte. Algunos tramos del artículo son los siguientes:
Para el subsecretario de Integración Económica Americana y Mercosur de la Cancillería, Eduardo Sigal, "180 millones de habitantes y 130.000 millones de dólares de exportaciones son motivos suficientes" para que Brasil ocupe el sitio de liderazgo regional que tiene. Sin embargo, aclaró: "Más allá de la enorme riqueza natural, tienen una visión estratégica de inversiones que sus dirigentes supieron aprovechar. Tuvieron crisis similares a las nuestras pero administraron los ciclos de modos diferentes: los militares y la burguesía brasilera fueron distintos".
Pero Sigal se anima a la autocrítica y admite que también los políticos fueron distintos. "La clase dirigente argentina fue sumisa a los proyectos de los países que no querían tenernos como competencia y a nuestra burguesía le gustó adoptar el estilo de especulación financiera; mientras que en Brasil fueron productivistas".
Como ejemplo de los "cambios de planes" inducidos desde el exterior, Sigal acude al desarrollo de la industria aeronáutica. Los brasileros, recordó, venían a la Argentina para ver cómo fabricábamos aviones en Córdoba. Ahora, nosotros tenemos esa planta parada y ellos, con Embraer, están construyendo máquinas para 100 pasajeros. "Nunca tuvimos un pensamiento estratégico -lamenta-, dependimos de la potencia hegemónica de turno; nunca nos pensamos a nosotros mismos.
Nadie duda ya del liderazgo regional de Brasil y de que la coherencia y perseverancia dan sus frutos. Su proyección internacional ya es un hecho. La Argentina tendrá que trabajar sobre sí misma -fortalecer sus políticas a largo plazo, desarrollar una mirada estratégica- para encarar el gran desafío del siglo XXI que, según Sigal, es el mismo para los dos países: "Ser capaces de potenciarnos mutuamente".